El destino ya tenía marcado que ese día y a esa hora nos encontraríamos. Y fue la suerte, la buena suerte desde luego, contraria a la tonta creencia popular, la que hizo que nos reuniéramos. También lo lograron sus fuertes chillidos, que llamaron la atención a una hora en que ya la noche empezaba a caer y el frío a calar. Los insistentes chillidos hicieron que la pudiéramos ver, a pesar de su pequeño tamaño y su color como el de la noche. La desesperación por estar sola y perdida, el hambre, el frío, la oscuridad, la desconfianza y la indefensión hicieron que no fuera fácil atraparla, pero el deseo de ayudarla pudo más. Esa noche, en ese lugar, en una ruta que no es la nuestra, le cambió la suerte para bien a una gatita negra quien, horas más tarde, y descontando el ataque de celos y curiosidad que le ocasionó a una diminuta rival canina, se encontraba durmiendo bajo techo y con la barriga llena.
Ante la imposibilidad de conservarla, se tuvo que buscarle un hogar. Pero, para su buena suerte, no tardó en encontrar quién la quisiera adoptar. Todo esto sucedió hace 10 días y Canelita ya está por cumplir una semana en su nueva familia, donde puede convivir con otras compañeras de su especie y donde fue recibida con mucho cariño. Deja un sentimiento de satisfacción el haber podido encontrar una casa para un animalito que se encontraba abandonado a su suerte. Espero de verdad que muchos otros corran con la misma buena suerte que esta gatita negra.
P.D. Y mientras pienso: ¿Cuánto tiempo tardará en pasar este sentimiento de vacío que ha dejado Canelita en los pocos días que tuvimos la fortuna de convivir con ella? Dejo una foto de la protagonista de la buena estrella.



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